Pepe's profileCrónicas de Homi y otras...PhotosBlogLists Tools Help

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    August 15

    Ya son 46

     

    No tenía un nombre especial, tampoco era especial su trabajo ni su forma de vestir. Para la mayoría de las personas él no era otra cosa que un hombre más, pero tampoco le importaba demasiado; sabía que había alguien para quien era realmente especial: su pequeña princesa.

     

    Desde la muerte de su esposa había estado más unido que nunca a su hija, y siempre pensaban en estar juntos. Tanto que quizás el mejor momento del día para ambos era cuando, al llegar a casa tras finalizar su dura jornada, ella salía a recibirlo con una enorme sonrisa y los brazos abiertos para abrazarlo y jugar con él…

     

    Por lo demás no tenían una vida demasiado fácil, pues vivían en un rincón del planeta del que cualquier diría que Dios hacía tiempo que se había olvidado; pero donde curiosamente todo se hacía y deshacía en su nombre, sin más justificación.

    Un país lleno de miseria, repleto de violencia, pero donde había que seguir adelante sabiendo que no había más remedio que hacerlo. ¿Qué alternativa tenía él? Era su país, y en cierto modo lo amaba.

     

    Como cada vez que lograba encontrar un rato en el trabajo, se acercó al mercado a hacer la compra para los próximos días, pero hoy el ambiente estaba realmente cargado. Demasiado ruido, olores penetrantes, sudor, y golpes, continuos golpes. Hacía tiempo que no veía tanta gente, por zonas estaba abarrotado. Avanzar se hacía complicado y esquivar los golpes y empujones era casi imposible. Además, en los tenderetes no había demasiado para elegir, tanto por la poca oferta disponible como por el poco dinero que, como siempre, llevaba encima. Aún así buscó y rebuscó los mejores productos, no para él, sino para su niña. Nada a derecha. Nada a izquierda. De nuevo empujones. Buscaba sin saber qué. Quizás compraría algunas verduras y carne… así haría un guisado bien nutritivo. Hacía mucho calor y costaba pensar. ¿Quería algo más? Claro, no podían faltar legumbres y algunas conservas, pues uno tampoco sabía cuando podría volver a acercarse a comprar.

     

    Mientras aguantaba una bolsa de guisantes de buena calidad escuchó un revuelo tras él. Alguien avanzaba entre la multitud apartándola a los lados y dirigiéndose hacia la zona central de la plaza, aproximadamente donde él se encontraba. Era un chico joven, y aunque sus gestos revelaban cierto nerviosismo, al mirarle a la cara vio satisfacción, una gran satisfacción. De repente el chico se paró, miró a su alrededor, lanzó una carcajada y apretó algo en su cinturón. Lo último que escuchó fue un ruido ensordecedor, los guisantes cayeron…

     

    Los boletines informativos no tardaron en hacerse eco de la noticia: “El atentado suicida de esta mañana en un mercado al aire libre de ---- ha dejado 46 muertos y 173 heridos…” Para la mayoría de las personas, sólo era un número, 46, no más distinto de 13 o 78. Eran 46 cuerpos sin cara, sin nombre. No eran gente especial… pero una niña acababa de perder todo lo que importaba en su vida. 

    June 21

    El sueño de Homi

     

    Cuando Jacinto entró en la habitación, Homi se retorcía en la cama empapado en sudor. No pudo menos que despertar a su señor para evitar que continuase padeciendo de ese modo. Cuando Homi abrió los ojos, sonrió y dijo:


    -¡Jacinto, acabo de tener un sueño!

    -¿Qué clase de sueño?

    -El más dulce…

    -¿Y los temblores?

    -Para cuando me despertaste, el sueño ya había terminado.


    Se produjo un momento de silencio en el que Homi miraba sin mirar, con sus ojos apuntando al infinito. Entonces una sonrisa se asomó a su boca.


    -¿Creeis que volverá?-preguntó Jacinto.

    -No lo sé. Yo sólo puedo dormir, como tantas veces en mi vida.

    March 30

    Foto-historia

     
    Hola a todos.
     
    Después de un par de días de no hacer nada en la página, hoy he decidido añadir novedades. La principal es que hay una nueva y absurda historieta, pero no está (casi) escrita. La encontrareis en la sección de fotos y narra de manera bastante lo que pudieron haber sido unas dramáticas Pascuas en 2005 -un remember, ya que estamos en fechas-.
     
    Espero que os guste.
     
    Chau chau
    March 25

    Presentación, por educación.

     
    Antes que nada, y por no ponerme a escribir crónicas sin que nadie sepa quien soy, creo que lo justo sería que me presentara. Un aviso... no será breve, y trataré de no hacer nada tan largo en adelante, pero lo veía preciso.
     
    Me llamo Homi el canalla. Lo de Homi fue cosa de mis padres y no es nada especial, pues de la misma manera podría haberme llamado Juan, Rodolfo, Aniceto o incluso Silver Little Apple (como es el caso de mi hermano). La parte de canalla, por contra, logré ganarla a pulso durante mis años locos de juventud.
     
    Nací, me crié y posteriormente me malcrié en una mediebolona -que no medieval- comarca muy tranquila llamada Sodoma. Aquí, la moral, el respeto y la justicia formaban los cimientos de la sociedad; pero si estos cimientos no eran respetados uno se exponía a los más amorales e irrespetuosos castigos. El darme cuenta de la existencia de esta situación tan poco lógica me hizo empezar a fijarme en todos aquellos detalles y sucesos absurdos de la comunidad que, por comunes, no llamaban la atención de nadie.
     
    Poco después comprendí que lo más positivo que podía hacer era compartir mis observaciones con todos aquellos que quisieran escucharme, por lo que finalmente me autoproclamé: Homi el bardo sodomita. Lamentablemente, desde una vez que Dios la tomó a las bravas con mis antepasados, esto de "sodomita" ha tenido un sentido que no se me puede aplicar, pero que unido al bendito nombre que me dieron mis padres me ha llevado a más de una incómoda situación.
     
    Al poco de iniciar mis labores bardas opté por no sólo hacer exposición oral de mi interpretación del mundo (en la mayoría de casos más absurda aún que el propio mundo) sino que comencé a escribirlas. Realmente tuve mis buenos motivos para esto, y es que entre otras cosas tengo tan mala memoria que constantemente olvidaba las cosas que había contado pocos días antes... y creedme que para cualquier bardo eso es un problema, pues me era imposible repetir las historias.
    Pero la gran razón por la que decidí escribir la encontré un día en que andaba por las calles buscando historias. Había dos hombres hablando, y de repente oí decir a uno de ellos: "los gritos de angustía del hombre los ahogan con cuentos". La frase me cautivó y, tras meditar profundamente sobre ella llegué a pensar que si aquello era realmente cierto, y dada toda la angustia que yo quería ahogar, quizá acabaría resultando mucho más barato escribir que beber hidromiel.
     
    Esta preocupación por hacer recortes presupuestarios no se debía a que en aquella época fuese demasiado pobre. De hecho todo lo contrario, pues mi padre, Karl, era de la Alta Alcurnia, un pueblo donde los vecinos se hicieron ricos después de encontrar y explotar eficientemente una mina de oro. Cabe decir que mi padre se hizo particularmente rico, pues él también encontró el oro en las casas de los vecinos. Esto le llevó a abandonar Alta Alcurnia antes de que los vecinos descubriesen su particular idea de lo que él llamaba comunismo.
     
    Esta riqueza familiar, ganada con el sudor de la frente paterna y de muchas ajenas, permitió que tanto Little Silver Apple como yo pudiesemos independizarnos relativamente pronto. Mi hermano se fue a Zanzibar, no sabemos con qué motivos, pero yo me quedé en Sodoma viviendo en mi propia casa con un sirviente -Jacinto- y un inteligente ratón llamado Carnaza.
    Juntos los tres pasamos muy buenos momentos en los que además llegué a escribir numerosas crónicas, que compartimos con otros sodomitas como Pipe y Belarus entre otros.
     
    Desgraciadamente, y como suele pasar en muchos sitios, en numerosas ocasiones, la guerra civil llegó a Sodoma. Mi posicionamiento favorable al gobernante legitimo me trajo problemas, sobretodo una vez que los rebeldes (me atrevería a decir que "sin causa") se hicieron con el poder. En esas circunstancias, quedarme en Sodoma hubiese supuesto mi muerte, pero dificil hubiese sido abandonar el país con vida. Es por ello que la única salida digna que me quedó -si alguna vez ha habido dignidad en una huida- fue simular mi muerte y la de Jacinto para salir luego de la comarca.
     
    Desde ese momento, del que ya han pasado cerca de 5 años, mi vida de bardo se acabó y comencé una vida errática sin un hogar fijo en la que decidí que el hidromiel y las bebidas espirituosas eran mejor calmante para las penas que los textos de un traidor. Así habría seguido, vagando sin patria, de no ser por haber llegado a esta comarca donde nuevamente he encontrado motivos para seguir adelante.
     
    Ahora estoy dispuesto a volver a ser Homi el bardo.